Saltar al contenido
Mad Disc Golf
0 artículos en el carrito

Carrito

Tu carrito está vacío.

Cómo crear un campo de disc golf en España

· Robert Abel

Grupo de jugadores junto a una canasta de disc golf en un campo de España.

Del terreno a la inauguración: diseño, permisos, seguridad, presupuesto y mantenimiento.

¿Tienes un terreno, trabajas en un ayuntamiento o formas parte de un grupo que quiere llevar el disc golf a su localidad? La primera pregunta no debería ser cuánto cuestan nueve o dieciocho canastas. Debería ser otra: ¿podemos crear aquí una actividad segura, atractiva y que la gente quiera repetir?

Soy Robert Abel, fundador de MAD Disc Golf. Llevo más de 30 años jugando y he participado en el desarrollo de campos en Estados Unidos, España y Chipre. Algunos de esos proyectos nacieron del trabajo voluntario y de la colaboración con clubes e instituciones. He aprendido que instalar las canastas puede ser la parte más visible de un proyecto, pero no siempre la más difícil.

Esta es mi guía para quienes quieren crear un campo de disc golf en España con una visión a largo plazo: desde encontrar el terreno adecuado hasta conseguir que el campo siga siendo útil después de su inauguración.

1. Define para quién estás creando el campo

No es lo mismo diseñar una instalación municipal para personas que nunca han lanzado un disco que un recorrido de competición destinado a jugadores experimentados. Tampoco son iguales las necesidades de un hotel rural, una finca privada o una estación de esquí.

Antes de dibujar el primer hoyo, conviene responder a cuatro preguntas:

  • ¿Quién va a utilizarlo? Vecinos, principiantes, familias, huéspedes, clubes, participantes en torneos o una combinación de ellos.
  • ¿Qué experiencia queremos ofrecer? Una actividad corta de iniciación, un recorrido recreativo de una o dos horas o un campo deportivo exigente.
  • ¿Quién se ocupará de su mantenimiento? El ayuntamiento, el propietario, una empresa o un acuerdo formal con colaboradores.
  • ¿Cómo llegarán los jugadores? A pie, en transporte público o en coche; y qué encontrarán al llegar.

Mi criterio es sencillo: si no hay otro campo a unos 45 minutos en coche, el primero debería ser accesible para principiantes. Es una regla práctica basada en mi experiencia, no una norma oficial. Si diseñamos un campo demasiado difícil para una población que todavía no conoce el deporte, podemos conseguir que alguien venga una vez y no vuelva.

Eso no significa construir un recorrido aburrido. Un buen campo de iniciación puede aprovechar árboles, cambios suaves de desnivel y distintas líneas de lanzamiento. Lo importante es que el reto resulte divertido y no una sucesión de discos perdidos.

2. Elige bien el terreno, no solo el paisaje

España tiene dehesas, parques forestales, fincas, zonas verdes periurbanas y espacios naturales que pueden encajar muy bien con el disc golf. Pero que un lugar sea bonito no significa que sea adecuado.

En una primera visita estudio especialmente cinco aspectos:

Espacio y convivencia. Los discos no deben dirigirse hacia parques infantiles, caminos transitados, carreteras, viviendas ni otras zonas donde haya personas ajenas al juego. No basta con colocar un cartel de advertencia para solucionar un mal diseño.

Visibilidad y circulación. Hay que prever desde dónde se lanza, dónde puede terminar un lanzamiento fallido y por dónde se desplazará la gente entre hoyos. También debemos evitar cruces entre calles y lanzamientos ciegos hacia senderos.

Vegetación y relieve. Los árboles pueden crear recorridos interesantes sin grandes intervenciones, pero la maleza cerrada, los desniveles peligrosos y las zonas donde se pierden discos con facilidad pueden arruinar la experiencia.

Accesibilidad y llegada. Aparcamiento, transporte público, entradas, caminos y orientación del visitante. Un buen recorrido que nadie encuentra o al que cuesta demasiado llegar tiene un problema desde el primer día.

Mantenimiento realista. Es fundamental saber quién corta la hierba, quién retira ramas peligrosas, cómo se accede con maquinaria y qué ocurre durante los meses de mayor crecimiento vegetal.

La PDGA recoge criterios generales de diseño y seguridad, pero cada terreno necesita una evaluación específica. No existe una superficie universal que sirva para todos los campos: la cantidad de espacio depende de las distancias, los obstáculos, la seguridad y los demás usos de la propiedad.

3. Comprueba la titularidad y los permisos antes de prometer nada

Este paso suele generar más trabajo de lo que parece.

En un terreno privado, el propietario debe confirmar que el uso previsto es compatible con la normativa urbanística y ambiental aplicable y que puede autorizar las instalaciones y las actividades. En suelo público, además, habrá que trabajar con el organismo que tenga competencias sobre el terreno: un ayuntamiento, una universidad u otra entidad.

Dependiendo del lugar y del alcance del proyecto, puede ser necesario revisar cuestiones de urbanismo, medio ambiente, arbolado, patrimonio, obras, accesibilidad, responsabilidad civil, seguros y uso compartido del espacio. No hay un permiso único de “campo de disc golf” que sustituya todas estas comprobaciones.

Mi consejo es obtener una conformidad inicial sobre la ubicación y el uso propuesto antes de encargar equipos o realizar obras. También conviene dejar por escrito quién podrá organizar actividades, qué ocurre si cambia el uso del terreno y quién responde del mantenimiento.

En Madrid aprendí que una relación institucional sólida es tan importante como el propio diseño. Un campo puede tener excelentes hoyos, pero si no existe un acuerdo claro sobre su utilización y sus responsabilidades, su futuro es incierto.

4. Diseña para jugar con seguridad y para querer volver

Un recorrido debe tener sentido como conjunto, no como una colección de canastas repartidas por un parque.

Cada hoyo necesita una salida lógica, una trayectoria segura, una canasta bien situada y un desplazamiento razonable hacia el siguiente punto de salida. Una buena señalización debe permitir que alguien que visita el campo por primera vez sepa adónde dirigirse sin depender de un jugador habitual.

La seguridad es una condición del proyecto, no una opción que se añade al presupuesto. Si un plano dirige lanzamientos hacia un sendero público o no deja margen suficiente respecto a otras actividades, hay que replantearlo. En MAD Disc Golf no me interesa instalar un recorrido que considero inseguro solo porque las canastas estén presupuestadas. Prefiero explicar los riesgos y proponer una alternativa.

Cuando existe espacio suficiente, las salidas cortas y largas pueden permitir que principiantes y jugadores avanzados compartan instalación. La PDGA distingue diferentes niveles de habilidad en sus recomendaciones de diseño.

Un campo de campeonato puede ser una gran inversión para una zona con jugadores habituales y otras opciones de juego. Pero el primer campo de una localidad debe ayudar a crear jugadores, no exigir que ya existan.

5. ¿Nueve hoyos o dieciocho? Depende del proyecto

No todos los municipios necesitan empezar con dieciocho hoyos. Un buen recorrido de nueve puede servir para introducir el deporte, organizar actividades y comprobar el interés local sin comprometer de inmediato toda la superficie disponible.

Un campo de dieciocho hoyos puede resultar apropiado cuando existe suficiente espacio seguro, presupuesto, capacidad de mantenimiento y una previsión realista de uso. También puede ofrecer más variedad y posibilidades para eventos.

El número de hoyos no debe decidirse solo por una cifra comercial. Es preferible un campo de nueve hoyos bien diseñado y mantenido que uno de dieciocho con conflictos de seguridad o calles que nunca se pueden limpiar.

El proyecto también tiene que contemplar canastas, zonas de salida, señalización, plano general, recorridos entre hoyos y, cuando proceda, mobiliario o elementos de protección. Comprar canastas sin resolver el resto no equivale a crear un campo completo.

6. Presupuesto y contratación: quién diseña, quién suministra y quién instala

Cuando alguien pregunta cuánto cuesta montar un campo de disc golf, mi respuesta es que primero necesito conocer el terreno y el objetivo del proyecto.

El presupuesto puede incluir el estudio inicial, diseño, permisos y documentación, suministro de canastas, preparación del terreno, salidas, anclajes, señalización, instalación, medidas de seguridad y mantenimiento posterior. Una dehesa con caminos existentes no tiene las mismas necesidades que un espacio degradado que requiere intervenciones importantes.

En proyectos públicos es importante distinguir las responsabilidades: quien impulsa la idea, quien diseña el campo, quien vende las canastas y quien ejecuta la instalación pueden ser personas o empresas diferentes. Ganar una licitación de suministro no significa necesariamente haber creado el concepto o diseñado el recorrido.

En España, la Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público, especialmente sus artículos 118 y 145, regula los procedimientos y criterios de adjudicación. Como referencia general, los contratos menores tienen umbrales de valor estimado inferiores a 15.000 € para suministros o servicios y a 40.000 € para obras, sin IVA. Eso no significa que haya una obligación universal de pedir tres presupuestos a partir de 10.000 €: el procedimiento concreto debe revisarlo el órgano de contratación, según la naturaleza y circunstancias del proyecto.

Un pliego bien preparado debería valorar la calidad y seguridad del conjunto, no limitarse a comparar el precio de las canastas. Y si alguien aporta un diseño preliminar de forma voluntaria, conviene dejar clara su autoría, alcance y condiciones de uso antes de que comience la contratación.

7. Instala, señaliza y prueba el recorrido antes de abrirlo

Antes de inaugurar, hay que comprobar el campo caminándolo y jugándolo. No solo con jugadores expertos: también con personas nuevas.

Me fijo en si se identifica fácilmente el primer hoyo, si las salidas tienen buen apoyo, si las canastas se ven y están firmes, si la señalización explica correctamente cada hoyo y si los trayectos entre canastas y siguientes salidas resultan naturales.

Un lanzamiento que parece seguro sobre un plano puede revelar un problema cuando se observa el uso real del espacio. Corregirlo antes de abrir suele ser mucho más sensato que esperar a una queja o un incidente.

La inauguración no debería ser la primera prueba del campo. Debería ser el momento de enseñar al público una instalación que ya está preparada para recibirlo.

8. El mantenimiento decide si la gente vuelve

Una de mis mayores preocupaciones es ver campos que se inauguran con entusiasmo y después quedan prácticamente abandonados.

No hace falta mantener un campo de disc golf como uno de golf tradicional. Pero las calles deben permitir caminar y encontrar los discos. Si la hierba o la vegetación hacen que los principiantes pierdan discos continuamente, la experiencia deja de ser divertida.

Como referencia práctica, intento que la hierba de las zonas de juego no supere aproximadamente 25 cm en condiciones habituales, y menos si es muy densa. No es una normativa oficial ni una medida válida para todos los terrenos: el objetivo real es que se pueda jugar y localizar el disco con facilidad.

Conviene prever cortes periódicos, retirada de ramas peligrosas, revisión de canastas, reparación de salidas y actualización de señales. Si en determinados meses no es posible mantener unas condiciones mínimas de seguridad y jugabilidad, puede ser más responsable cerrar temporalmente el recorrido y comunicarlo que dejar que la primera visita de alguien sea una mala experiencia.

Esto es aún más importante en instalaciones de pago, donde el visitante llega con una expectativa legítima sobre el estado de la actividad contratada.

9. El día después de la inauguración empieza el verdadero trabajo

Un campo no se convierte automáticamente en una comunidad. Hay que dar a la gente razones para descubrirlo y volver.

En mi experiencia, funcionan mejor las iniciativas que incluyen desde el principio una jornada de iniciación, discos disponibles para probar, una persona que reciba a los nuevos jugadores, encuentros sociales periódicos y comunicación clara sobre cómo empezar.

También puede ser útil colaborar con un club local. Eso sí: un club de voluntarios no debe darse por responsable del mantenimiento o la promoción simplemente porque exista. Las responsabilidades y cualquier colaboración deben acordarse expresamente.

Para atraer nuevos participantes, yo mediría algo más que el número de asistentes a la inauguración: cuántas personas vuelven un segundo día, cuántas traen a un amigo y cuántas empiezan a utilizar el campo con regularidad.

10. ¿Y si el proyecto es para una finca, hotel o estación de esquí?

El enfoque cambia cuando el terreno es una propiedad turística. Además de ofrecer una buena experiencia, el campo puede contribuir a atraer visitantes, prolongar estancias o generar ingresos complementarios.

En algunos lugares puede funcionar una entrada por día; en otros, la actividad se integra en el alojamiento, el acceso al recinto o un paquete de experiencias. Las colaboraciones con clubes pueden incluir jornadas de iniciación, descuentos acordados o un torneo anual. El propietario también puede beneficiarse del consumo de restauración, alojamiento u otros servicios.

Pero aquí también hay que empezar por la seguridad, el público y el mantenimiento. Un campo de pago que resulta difícil de encontrar, no está preparado para principiantes o pasa meses cubierto de vegetación no es una buena herramienta turística.

Cómo trabajamos en MAD Disc Golf

No considero que desarrollar un campo consista simplemente en vender canastas. Para mí, un buen proyecto debe responder a cuatro preguntas: ¿es seguro?, ¿es divertido?, ¿se puede mantener?, ¿habrá motivos para volver?

En MAD Disc Golf estudiamos el terreno y su uso previsto, valoramos alternativas de nueve o dieciocho hoyos, planteamos soluciones de diseño y señalización y podemos colaborar en las distintas fases de desarrollo e instalación. La solución depende de cada propiedad y de los permisos y condiciones del proyecto.

Si estás valorando crear un campo en tu municipio, finca o instalación turística, puedes conocer nuestro servicio de diseño e instalación de campos de disc golf.

Para empezar, lo más útil es enviarnos la ubicación en Google Maps, la superficie aproximada en hectáreas y entre tres y ocho fotografías del terreno. Con esa información podemos mantener una primera conversación sobre la viabilidad de la idea. Puedes escribirnos desde la página de contacto de MAD Disc Golf.

Instalar un campo es el comienzo. Diseñar un lugar al que la gente quiera volver es el verdadero objetivo.


Robert Abel — Fundador de MAD Disc Golf. Más de 30 años de experiencia como jugador y participación en proyectos de desarrollo de campos en Estados Unidos, España y Chipre.

Lecturas complementarias: PDGA — desarrollo de campos; UDisc — primeros pasos para crear un campo; BOE — Ley de Contratos del Sector Público.